Entre tiernas y hasta sensuales caricias, danza el pincel por sobre la entretejida superficie; juegan, se comparten, son cómplices de aquellos lugares por donde aquellos coloridos fluidos pictóricos no alcanzaron o no quisieron cubrir, concluyendo todo en el nacimiento de rostros, cuerpos animalescos, movimientos, mitos y leyendas; formadas y plasmadas como el viento forma al humo, dando lugar a figuras que ahora llenan las telas de magia, poesía y color.